El romanticismo está sobre todo en lo que no ocurre
Nadie os da una carpeta con formularios. Nadie lleva a uno de vosotros por un pasillo mientras el otro espera en un banco. No hay un momento al final en que se encienden las luces y os mandan a la calle con el pelo húmedo. Cuando las parejas describen qué hizo que un masaje fuera romántico y no solo agradable, casi siempre describen una ausencia: de interrupciones, de desconocidos, del trayecto a casa. El servicio a domicilio elimina esas cosas a propósito. Dos terapeutas van a vosotros, trabajan una junto a otra y se van cuando se acaba el tiempo, mientras vosotros seguís exactamente donde estáis. El masaje romántico para dos que se recuerda rara vez es el del escenario más espectacular. Es aquel en que, cuando la puerta se cierra tras las terapeutas, seguís tumbados uno al lado del otro sin ningún otro sitio al que ir.